lunes, 4 de diciembre de 2017

La extraña historia del enfermero y el Moncholito desalmado

Capítulo I

La Apertura del Gran Hotel Praga

La pequeña aldea de Mar y Mar guarda esa melancolía de los villorrios que marcan el fin de los horizontes. Tiene un centenar de casas arremolinadas sobre los barrancos y algunos castillos malolientes sobre el poniente, casi siempre cerrados y  ansiando la llegada del verano. Al naciente el viejo Hotel Praga resiste estoico las olas de un mar tan salado como ninguno… Allí, algunos mozos ya resignados, comienzan a limpiar las cerradas habitaciones, mientras las lavanderas regresan de los pozos surgentes, con los atados blancos de sábanas sobre sus cabezas. Muchas ya sueñan con las propinas de la nueva temporada y las más atrevidas hasta se animan a augurar un nuevo compañero.




En una de las habitaciones de servicio del hotel, el enfermero apodado Siux,  desempolva sus cajuelas metálicas y varias jeringas de vidrio que las coloca a hervir en un recipiente sobre un improvisado mechero. Siux es nuevo en el Hotel Praga y desea hacer un buen papel en la temporada de verano y no siente ningún resquemor por el mote de bautizo que le infringieron sus pares. Sólo una pequeña preocupación da vueltas por su cabeza, la propuesta de un amigo que lo descolocó, pero que le produce una marcada incertidumbre. Cada vez que piensa en las pocas palabras, que su amigo apenas susurró, manteniendo la complicidad de un secreto… un leve suspiro estremece su rostro… Pero está decidido, al anochecer tomará por la calle larga, pasará los parajes de quintas y se internará en los patios de la derruida casona…

Capítulo II

Nictofilia

Existe un momento en el villorio de Mar y Mar que todos perciben, algunos de una manera profunda y otros simplemente lo sienten como un cosquilleo casi eléctrico. Es el momento del ocaso, cuando el sol se pierde en el tranquilo mar y las estrellas comienzan a despertarse. Para el Sabio, este atardecer no lo sentía como un evento común, lo había estado esperando por meses.
El Sabio, como lo conocen los residentes del abarrotado barrio, detenta tantos años que muchos han dejado de contarlos. Algunos creen que de alguna manera siempre estuvo en Mar y Mar. El Sabio posee, como pocos, una pequeña terraza que escapa a la planicie de los techos de las casas. Allí ha montado un pequeño telescopio que muestra sin despecho sus años de uso. Y esta noche él espera su momento para desterrar obscuras incertidumbres.
El Sabio confirma sus secretos presagios en la rara
alineación planetaria del 31 de agosto de 1939.
La noche está calma para este 31 de agosto de 1939 en Mar y Mar. Bastante raro para la época del año donde acostumbran a reinar brumas y vientos, pero hoy –y tal vez por ser el primer alineamiento del siglo- la meteorología se ha complotado para brindar un momento especial para poder observar a los astros.
Sobre el crepúsculo comienzan a divisarse los planetas, siendo el primero en aparecer el verdoso Venus, luego Júpiter, Mercurio, Saturno y por último Marte. En cuestión de minutos, y con el fin de la luminosidad, los astros se presentan brillantes y totalmente alineados en una vertical, desde la línea del horizonte marino, hasta casi el cenit. El Sabio dirige rápidamente el ocular del telescopio al primero de los planetas y espera… al cabo de un tiempo confirma su sospecha… justo por debajo del lucero una pequeña mancha blanquecina comienza a corporizarse y asciende lentamente como dibujando una línea, que enrosca a los planetas, con un halo casi iridiscente. El Sabio no sale de su asombro por lo que observa en el espacio profundo y a pesar de su emoción no deja de gatillar a su vieja cámara “Comway” adaptada al espejo del telescopio. El fenómeno dura poco tiempo, luego la pequeña luz se desvanece dejando a los planetas alineados y brillantes, como si volvieran a disfrutar de su soledad en el espacio vacío…

En el Gran Hotel Praga Siux también observa desde su ventana que da al mar, la extraña línea imaginaria que une a los planetas con el perpendicular horizonte. Siux está expectante esta noche, pero no siente ningún interés en los planetas, son otros los pensamientos que lo retrotraen.
   
El Oso, uno de los pocos amigos
de Siux en Mar y Mar.
Dejando de lado sus lucubraciones, Siux cerró la ventana, se acomodó el pelo engominado mirándose por tercera vez en el espejo, se acomodó los tiradores del pantalón de lino gris y se arropó con su chaqueta. Bajó al vestíbulo del hotel donde saludó al sereno con un ademán de su cabeza, quien también respondió con una media sonrisa falsa y casi socarrona; a Siux no le importó y se encaminó hacia el Camino Largo que bordea el mar.
A lo lejos los planetas se iban desalineando y al frente algunas pequeñas lucecitas le anunciaban el fin del pueblo. 
Estaba excitado y más aún al caminar. Las palabras de su amigo el Oso, como también lo conocían los íntimos en Mar y Mar,  le retumbaban a cada cuadra que avanzaba… y recordó el diálogo que mantuvieron días atrás:

-        ¿Hace cuánto tiempo que nos conocemos… Siux?
-        Y… desde que llegué a Mar y Mar…
-        Siempre tuve la impresión de que en algún momento tenía que contarle algo personal… más bien íntimo… Susurró el Oso y continuó: - Es decir…  ¿Creo que puedo confiar bastante en Usted…?
-        Pienso que puede confiar en mí… dijo entrecortadamente  Siux. Dejando lugar para que el Oso continuara con sus preguntas.
El Oso se acercó más hacia Siux, colocó una de sus manotas sobre su hombro y casi traspasando el espacio de lo indecoroso le susurró…

-        Hay algo en su personalidad que me produce cierta certidumbre que me obliga a exponerme peligrosamente… con un secreto… ¿Debo considerar que Usted es una persona de confiar…? 

Siux no dejaba aún de sonrojarse al recordar las últimas partes del diálogo con el Oso y, sin apurar el paso, continuó avanzando por la calle larga, mientras un leve resplandor del Este anunciaba la salida de la Luna.



A lo lejos Siux divisó el pequeño farol, que se balanceaba con una brisa susurrante, agarrado a un poste cercano al portón de la reconocida quinta. Al llegar las herrumbres de los goznes le dieron la bienvenida, rompiendo la monotonía de la noche, que en esta ocasión él la percibía tan iluminada como ninguna. Sobre el fondo y sobreviviendo a los abrazos del follaje de portentosos sauces se resistía la casa de el Oso. El Oso había heredado la vivienda de su padre y éste de su abuelo, ambos viejos pescadores, habiendo permanecido siempre como abandonada, y por el aspecto de sus paredes y patios, daban la sensación de exudar una enigmática necesidad por ser habitadas por mujeres. Mujeres que casi nunca se refugiaron bajo sus techos, salvo en las contadas ocasiones de nacimientos o de reuniones familiares; que siempre le fueron escasas.

Siux golpeó suavemente la puerta de madera para anunciar su llegada y por detrás se escuchó el sonido ronco de la voz de el Oso que atravesó las agrietadas vetas de la madera y se estrellaron sobre sus oídos.

- Pase. Contestaron desde adentro.
- Buenas noches dijo Siux, abriendo la pesada puerta.
- Hoolaa muy buenas noches amigooo. Dijo el Oso acompasando las palabras..,.
- Como está Usted.
- Adelante por favor. Gracias por haber venido 

No hay comentarios:

Maggi... La Pelotuda...

Tuuut… tuut… tuuut… -          Hola. -          Quetal Daniela… ya te enteraste? -          Hola Maggi, qué haces? Te enteraste...